De
las Crisis de los Años Noventas al... PROXIMO
MILENIO*
Por:
José Ignacio Fernández Carús
La
humanización de la globalización también significa
crear las condiciones institucionales y demás condiciones necesarias
para protegernos mejor, como grupo, de los riesgos colectivos de proporciones
mundiales, y definir juntos una visión más clara de nuestro
destino colectivo.
Con
seguridad, lo que se está logrando actualmente con los recursos
disponibles a través de las instituciones de Breton Woods y de
todas las modalidades de cooperación bilateral y multilateral
no es nada insignificante, y probablemente por esa razón la crisis
de Asía y sus secuelas no se convirtieron en la enorme crísis
sistémica que se temía hace tan sólo un año.
Pero creemos que todavía debemos, y podemos, hacer mucho más.
Uno
de los primeros problemas que se deben examinar en esta esfera la responsabilidad
política de las instituciones internacionales, a las que
--pesa a asumir cada día más responsabilidades-- con demasiada
frecuencia se ve como tecnocracias irresponsables, olvidando que, en
última instancia, son los gobiernos los responsables del rumbo
de sus propias políticas. Una reforma recientemente propuesta
por Francia aborda este problema. Consiste en la transformación
del Comité Provisional del FMI--integrado por ministros--no ya
un comité asesor sino un comité con capacidad decisoria
sobre las principales orientaciones estratégicas de la economía
mundial. Esto, a los ojos del publico, situaría las responsabilidades
precisamente donde ya están. Pero me ha decepcionado el hecho
de que, no obstante el valeroso apoyo de Francia, y de Dominique Strauss-Kahn
en particular, estamos tan lejos del éxito. Otra sugerencia,
que sigue los lineamientos del Consejo de Seguridad Económica
propuestos por Jacques Delors, consistiría en remplazar la cumbre
del G7 por una reunión, cada dos años, de los jefes de
Estado y de gobierno de los 24 países representados en los Directorios
Ejecutivos del FMI y el Banco Mundial, junto con las autoridades máximas
de estos organismos y el Secretario General de las Naciones Unidas.
Ésta sería una forma de establecer con claridad un fuerte
vinculo entre estas instituciones y los representantes más legítimos
de la comunidad internacional. Tampoco en este caso veo ninguna señal
de movimiento de algunas manifestaciones solidarias de interés.
No
nos queda más que preservar en este empeño, porque es
el correcto. Sólo exige que se dé un pequeño paso
inicial en una tarea urgente y esencial. Para entender la importancia
de este paso, basta comparar nuestro mundo con el de 1945. En la actualidad,
cada país ha logrado su soberanía, cada uno desea asumir
todas las obligaciones que le corresponden frente a los problemas mundiales
y todos sobemos muy bien que la participación eficaz de cada
país en la administración de la aldea global
es fundamental para su buen funcionamiento. Es mas, si bien la globalización
ha operado hasta el momento siguiendo los caprichos de unas fuerzas
financieras y tecnológicas más o menos autónomas,
ya es hora de que asumamos estas responsabilidades y tomemos la
iniciativa, de modo que podamos avanzar hacia la unidad de forma coherente
y al servicio de la humanidad. Todo ello requiere de instituciones que
faciliten la reflexión conjunta, a los niveles mas elevados cuando
haga falta, y que tengan la capacidad de velar por que se adopten y
apliquen estrategias globalizadas cuando los problemas sólo puedan
resolverese con eficacia a escala mundial. Sin duda, necesitamos la
imaginación suficiente para visualizar las instituciones que
mejor sirvan al bien común mundial o, cuando menos, para efectuar
las modificaciones necesarias a las instituciones creadas en San Francisco
y Breton Woods.
La
tarea es decididamente monumental. Somos la primera generación
en la historia llamada a organizar y administrar el mundo, no desde
una posición de fuerza como alejandro, el Cesar o los aliados
al término de la segunda guerra mundial, sino através
del reconocimiento de las responsabilidades universales de todos los
pueblos, de la igualdad de derechos al desarrollo social y del deber
universal de solidaridad.
El
siglo XXI debe ser un siglo de paulatino fortalecimiento de las instituciones
mundiales, pero tambien debe de ser el siglo de la descentralización
y el portalecimiento de todos los niveles de responsabilidad. Esto no
significa que se deba soslayar la necesidad de estructurar mejor la
arquitectura mundial, crear organismos regionales cuando se requieran
y reforzar la dimensión política de los organismos económicos
regionales existentes, como la Unión Europea. Cuanto mayor sea
la necesidad de consolidar o de asignar nuevas funciones a los organismos
mundiales, más necesario será velar por que éstos
gocen de aceptación pública y tengan presente que su contribución
sólo puede ser subsidiaria. todos debemos comprender que nada
podrá lograrse a escala mundial si no es el reflejo de la voluntad
popular y está respaldado por iniciativas que partan de todos
los eslabones de la cadena institucional. Uno de los valores fundamentales
en el siglo XXI debe ser el civismo a todos los niveles.
He
dicho valores fundamentales porque ello es efectivamente
lo que se requiere: definir los valores que permitan al hombre y a la
mujer de hoy entender nuestra historia y participar en ella. Nuestra
historia aún no se ha escrito, todvía depende de nosotros.
Pero la globalización, a pesar de sus riesgos, nos brinda la
oportunidad para actuar conforme a los tres valores que ustedes seguramente
han percibido detrás de mis comentarios y con los cuales se identifican
muchas personas en todo el mundo: responsabilidad, solidaridad y esta
nueva forma de ciudadnía mundial. Son éstos los tres valores
que nos deben guiar al desplegarse ante nosotros el nuevo milenio.
Comunicado
del Comité Provisional de la Junta de Gobernadores del Fondo Monetario
Internacional.