El
Desarrollo Sustentable en el futuro del sistema de las Naciones Unidas
Por:
José Ignacio Fernández Carús
1)
El concepto de desarrollo sustentable
La
conferencia de las Naciones Unidas sobre medio ambiente y desarrollo
constituyó en 1992 un parte aguas estratégico en la perspectiva
del desarrollo mundial. En esa cumbre, 178 países miembros asumieron
el compromiso de promover el desarrollo sustentable equitativo. Este
concepto, formulado originalmente en el informe titulado Nuestro futuro
común, redactado por la Comisión Mundial del Medio Ambiente
y el desarrollo presidida por la Primera Ministra de Noruega, Gro Harlem
Bruntland, fue aceptado por la Asamblea General de las Naciones Unidas
en 1987 y sirvió de base a la Cumbre de Río, cuyos preparativos
tomaron cinco años.
Ha
sido inevitable que durante los 13 años transcurridos desde la
publicación del informe y los 8 desde la Cumbre de Río,
el concepto de desarrollo sustentable haya sido interpretado de diversas
maneras y aun desvirtuado. En algunos medios académicos, en numerosos
gobiernos, en los propios organismos internacionales, en diversos partidos
políticos, en los sectores de la sociedad civil que representan
intereses empresariales y aquellos que se han llevado agua ambiental
al molino propio. Es natural que así ocurra en un mundo cada
vez más concientizado y fragmentado, no exento de agudas polarizaciones.
Sin embargo, el informe Brundtland sigue siendo uno de los mejores que
jamás haya producido el Sistema de la Naciones Unidas. Junto
con los documentos emanados de la cumbre de Río constituye el
marco más adecuado para dar sustento a las actividades futuras
de las Naciones Unidas en materia de medio ambiente y desarrollo sustentable
económico y social.
Por
desarrollo sustentable y equitativo debe entenderse una estrategia,
a nivel global, regional y nacional, que permita entregar en forma progresiva
a las generaciones venideras la posibilidad de mejorar su calidad de
vida sin destrucción de los recursos naturales renovables del
planeta y con protección de la biodivesidad. Se supone también
que el desarrollo sustentable deberá proseguirse en condiciones
de creciente eficiencia tanto económica como ambiental en el
uso de los recursos naturales y en la producción de bienes y
servicios. El saber tecnológico deberá emplearse para
proteger los recursos tanto renovables como no renovables, con transiciones
hacia métodos de producción que descansen en el empleo
de insumos materiales menos contaminantes de los suelos, las aguas,
la atmósfera y el habitat rural y urbano de la especie humana.
Se define la idea de la producción limpia. La energía
originada en insumos de origen fósil, ademas de deberse economizar,
deberá ser reemplazada con el tiempo por otras fuentes y formas
de energía, menos contaminantes o aun limpias.
El
desarrollo sustentable habrá de ser equitativo, es decir, comprende
la idea tradicionalmente aceptada de que deberá contribuir, mediante
políticas y programas económicos y sociales, a reducir
las gruesas desigualdades que se han manifestado en el siglo XX., que
hoy alcanzan extremos, puestos en evidencia en todos los continentes
con diversos indicadores que en esta era de la comunicación instantánea
no se puede ocultar a la conciencia ciudadana en ningún lado:
el desempleo y la miseria.
No
se trata, en consecuencia, de más de lo mismo que ha presenciado
ya el siglo XX, sino de emprender un proceso que, además de considerar
la inversión ambiental y lo que ahora se llama la eco eficiencia,
así como la necesidad de construir en bienestar social sobre
bases equitativas. la formación de recursos humanos vía
la educación y la capacitación deberá constituir
uno de los pilares del desarrollo sustentable.
2)
Rio+8 y el nuevo milenio
En
la actualidad, a ocho años de la Cumbre de Río, cabe preguntarse
por qué los gobiernos, los actores económicos y sociales
privados y el Sistema de las Naciones Unidas no han logrado poner en
marcha el desarrollo sustentable para la humanidad; aun más,
por qué las políticas ambientales, que deberán
constituir una parte muy importante y necesaria de ese desarrollo, distan
mucho de ser adecuadas. En ningún país se ha emprendido
en rigor un proceso de desarrollo sustentable.
Se
está por ello ante un momento oportuno para que en la Asamblea
General de Naciones Unidas, la Asamblea del Milenio, se haga un balance
a conciencia--ya sea que el nuevo milenio se haya iniciado ya o que,
como lo señala la opinión científica, se iniciará
a la medianoche y un microsegundo del próximo 31 de diciembre.
Es
imprescindible ante todo efectuar una evaluación objetiva y profunda
de lo logrado entre 1992 y el presente, a fin de precisar las repercusiones
que hayan tenido la Declaración de Río, la Agenda 21,
los convenios-macro sobre el cambio climático y sobre la protección
de la biodivesidad, y las constantes reafiramciones que suelen hacerse
para denotar la profunda preocupación que se supone existe respecto
al deterioro y la degradación ambientales. Se habla y escribe
mucho de la necesidad de emprender el desarrollo sustentable, hasta
de salvar al planeta, con su flora y su fauna, sus insectos y sus microbios,
sus océanos y sus continentes e islas, pero se tiene poco en
cuenta a la especie humana, cuya salud y cuyo bienestar han sido ya
afectados por el cambio climático, la des forestación,
la desertización y las diversas contaminaciones graves de los
sistemas hídraulicos y los suelos. Se ha envilecido el hábitat
urbano y han desaparecido paisajes apenas recordados en las obras de
arte o en fotografías de hace cincuenta años.
Tan
sólo en materia de políticas ambientales dirigidas a una
mejor disposición y tratamiento de los desechos de toda índole,
los avances registrados dejan mucho que desear, en especial en los países
de menor desarrollo económico e infraestructural. Es obligado
insistir en que no se trata simplemente de un problema técnico,
sino de uno de política pública y de participación
de todos los sectores involucrados. Reconocemos que se han obtenido
algunos resultados positivos, pero nos preocupa profundamente que las
tendencias generales hacia el desarrollo sustentable son peores hoy
en día que en 1992. Subrayamos que el amplio cumplimiento de
la agenda 21 sigue siendo de importancia esencial y es más urgente
hoy que nunca. 2*
Los
aniversarios posteriores--Río + 6 hasta el muy reciente Río
+ 8-- han pasado casi desapercibidos en todo el mundo, si bien ha habido
numerosas ceremonias en que han participado ONGs, grandes contingentes
se escolares y ciertos grupos de intereses. Llegará en menos
de dos años el Río + 10. Son tiempos muy largos. Entre
Estocolmo y Río mediaron dos decenios. Han transcurrido casi
30 años sin dejar mucha huella en la conducta ambiental de los
países miembros de las Naciones Unidas. La llamada huella
ecológica que padece la humanidad es evidente muestra de
retroceso. Son demasiados lustros de investigación, discusión
e intentos de configurar políticas ambientales integrales para
pensar que se puede llegar a corto plazo a revertir con éxito
un proceso de deterioro tan señalado como el que todos los informes
internacionales, nacionales, públicos y privados, siguen reportando.
No
se están dando a nivel global las condiciones políticas
y sociales, de convivencia pacifica, que aseguren que el futuro de la
humanidad gozará de mayores niveles de vida al mismo tiempo que
de un ambiente menos amenazante, más esperanzador. Los 6000 millones
de habitantes recién estimados como el total de la especie humana
llagarán indefectiblemente a ser alrededor de 8000 a 9000 millones
en medio siglo. ú Qué les habrán legado las generaciones
actuantes del presente para lograr el objetivo de un bienestar económico,
social y ambiental substancialmente mejor?
El
PNUMA, Programa de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente, iniciado
en 1974 con ínfimos recursos, al cual se deben a nivel global,
regional y nacional acciones y proyectos de indudable beneficio, hizo
en 1997, en su informe GEO-1, una evaluación que merece tenerse
en cuenta. Aun reconocimiento muchos avances, el PNUMA manifestó
no obstante lo siguiente: A pesar de los progresos alcanzados
en varios frentes, el ambiente, desde la perspectiva global, ha seguido
degradándose durante el último decenio, y continúan
muy arraigados en el tejido socioeconómico de las naciones de
todas las regiones del planeta problemas ambientales de gran significación.3
Más
adelante, hizo el PNUMA esta advertencia:
El progreso hacia el futuro global sustentable es de hecho excesivamente
lento. Se carece de sentido de urgencia. En los planos nacional e internacional
son insuficientes los recursos financieros y la voluntad política
para detener el curso de la degradación ambiental global y afrontar
los problemas ambientales más acuciantes--por más que
se dispone ya de la tecnología y el conocimiento para hacerlo.
Apenas en forma limitada se reconoce que las cuestiones ambientales
son por necesidad acumulativas y de largo plazo y que se encierran graves
consecuencias globales y de seguridad......las estructuras de la gobernación
ambiental global y de la solidaridad ambiental son demasiado débiles
para que los avances alcanzados se conviertan en una realidad mundial.
El
lo conduce a que la distancia entre lo logrado y lo que en verdad se
necesita se esté ampliando.4
Tres
años después, en su evaluación GEO-2000, 5 en la
que se logró la participación de expertos de más
de 100 países, el PNUMA hace las siguientes consideraciones:
En
GEO-2000 se confirma la evaluación general [del informe]
GEO-1: el sistema global de administración del medio ambiente
va en la dirección correcta pero con excesiva lentitud... [existen]
instrumentos efectivos y probados de política ambiental que podrían
llevar con mayor rapidez a la sustentabilidad. Si han de evitarse grandes
desastres ambientales en el nuevo milenio, tendrán que aplicarse
con premura otras políticas...la evaluación de las iniciativas
en materia de política ambiental se han vuelto complicados y
se registran lagunas de información, dificultades conceptuales
y problemas metodológicos.6
El
GEO-2000 informa asimismo que se llevó a cabo una encuesta entre
200 científicos en 50 países acerca de los problemas ambientales
que requerirán atenderse en el siglo XXI, con el resultado de
la mayoría espera que los principales problemas ambientales
se originen en la persistencia y el agravamiento de los problemas actuales
que aún no son objeto de suficiente atención en el conjunto
de las políticas ambientales.7 La encuesta citó
con mayor frecuencia el cambio climático y la cantidad y la calidad
de los recursos hídricos, seguidos de la des forestación
y la desertización, la falta de coherencia y efectividad de las
políticas adoptadas, el crecimiento demográfico y el cambio
en los valores sociales. Se citó asimismo la mayor interrelación
y complejidad de los fenómenos físicos y los sociales,
que pudieran llevar a crisis irreversibles.
4)
Las acciones del Sistema de las Naciones Unidas
El
Sistema de las Naciones Unidas ha desempeñado sin la menor duda
un papel fundamental-- de hecho el mas importante--al incorporar las
cuestiones ambientales a la visión limitada del desarrollo económico
y social que prevalecía desde 1945 en virtud de lo expresado
en la Carta de las Naciones Unidas. La perspectiva más dinámica
que a lo largo de los decenios del desarrollo trataron de
promover los países en vía de desarrollo no prosperó,
pero tampoco tuvo en cuenta el medio ambiente. Se había esperado
que la cumbre de Río, al hacer suyas las recomendaciones del
informe Brundtland, daría un fuerte impulso tanto al desarrollo
como al mejoramiento ambiental. Se decidió ampliar los recursos
del Fondo Global del Ambiente (GEF), se dio en pocos años vigencia
a los convenios sobre cambio climático, biodivesidad, protección
forestal y control de la desertización. Se reconoció la
labor indispensable del PNUMA. El protocolo de Montreal para proteger
la delgada capa de exterior de ozono del planeta mediante la eliminación
del uso de los cloroflurocarburos ya había sido firmado por gran
numero de países. Se reconocieron la reciente atención
del Grupo del Banco Mundial y los otros organismos multilaterales de
financiamiento a los asuntos ambientales, las políticas implantadas
por la Comunidad (hoy unión) Europea, las recomendaciones y los
estudios iniciados años atrás por la Organización
de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), etc. Muchos
gobiernos incrementaron las funciones de sus entidades nacionales encargadas
del medio ambiente e hicieron más eficiente su cooperación
internacional. De manera paralela se crearon múltiples organizaciones
nacionales internacionales para apoyar la investigación y las
políticas acerca del ambiente, y se les dotó de mayores
recursos. Las Naciones Unidas adicionaron a su estructura la Comisión
del Desarrollo Sustentable y se estableció un sistema de evaluación
periódica.
Al
mismo, tiempo las convenciones-marco sobre cambio climático y
sobre biodivesidad dieron lugar a negociaciones útiles, aun cuando
no exitosas, para el logro de sus objetivos. El Protocolo de Kyoto (1997)
se firmó a base de preparativos de origen científico eficazmente
coordinados por su secretariado y con consensos políticos de
última hora, pero no ha conducido aún a compromisos firmes
para reducir las emisiones de gases de invernadero. Las convenciones
relativas a la biodivesidad y otros temas de interés global casi
no avanzan. La aplicación plena de las propuestas y recomendaciones
de la agenda 21, así como muchos temas que se han tratado, por
ejemplo, los marítimos, los relativos a la vida silvestre y las
especies en peligro de extinción, no han inducido ninguna seguridad
futura.
A
nivel nacional, la coordinación y la aplicación de las
políticas y los objetivos carecen también de impulso.
Pocos países se han comprometido de manera plena a un conjunto
integrado, a plazo medio y largo, de políticas ambientales indispensables
como componente de un proceso verdadero de desarrollo sustentable. Aun
los países industrializados del grupo de los Siete adolecen todavía
en sus políticas ambientales de grandes omisiones y deficiencias,
sea en cuestiones de contaminación atmosférica, de des
forestación o de protección de especies cuya existencia
peligre.
A
partir de la conferencia sobre Población y Desarrollo en Cairo
(1994), las políticas demográficas se han debilitado por
la falta de recursos y por debilitamiento de los consensos. La migración
internacional, desatendida durante muchos años, se ha vuelto
una tierra de nadie, casi un campo minado. La atención al desarrollo
urbano, tratado en la Conferencia de Estambul de 1996, no ha impedido
la explosión de las manchas urbanas no reguladas en los países
en vía de desarrollo. Las agudas dispariedades de ingreso entre
los países industrializados y las naciones en vía de desarrollo,
aun en las que han alcanzado ya ingresos medios, se han ampliado. Se
ha llegado a una situación de frustración respecto a la
efectividad del Sistema de las Naciones Unidas, sobre todo en cuanto
a la utilidad y el valor de los foros internacionales y de las acciones
generales, incluido el Programa de las Naciones Unidas para el desarrollo
(PNUD) y otros con objetivos especiales.
5)
Conveniencia de regionalizar las acciones
Una
propuesta: ú No sería mejor tratar los problemas del desarrollo
sustentable--y algunos otros--sobre bases regionales y subregionales?
Las
Naciones Unidas no han aprovechado plena y efectivamente las posibilidades
que ofrecen sus comisiones económicas y sociales regionales.
Éstas podrían robustecerse y reorganizarse para centrarse
en el desarrollo sustentable, con el apoyo de órganos subsidiarios,
dotados de personas técnico idóneo y con vinculaciones
a los países miembros de las regiones respectivas. Los llamados
organismos especializados, a pesar de que cuentan con oficinas regionales--en
materia de agricultura y alimentación, educación, ciencia,
y cultura, salud, y otras-- en la práctica se ocupan de problemas
a escala global ( lo cual es desde luego necesario); muchos asuntos
de interés regional para un proceso de desarrollo sustentable
no llegan a tener respaldos y seguimientos. Los esfuerzos regionales
y subregionales en los países en desarrollo para lograr el mejoramiento
ambiental y la formulación de estrategias para el desarrollo
sustentable, podrían, en condiciones más favorables, conseguir
apoyos no solamente de los organismos especializados, el PNUD y otros,
sino de los organismos de integración que hayan alcanzado mayor
éxito entre los países ejemplo, Japón. En circunstancias
regionales sería más fácil obtener mayor y más
adecuada participación de las organizaciones no gubernamentales
de las propias regiones y en forma directa de la sociedad civil, así
como instituciones que carezcan aún de ámbitos globales;
estas instituciones podrían cooperar en las soluciones ambientales
siempre que tengan vínculos con estructuras institucionales más
generales.
6)
Coordinación en el sistema de las Naciones Unidas
Las
mismas Naciones Unidas podrían definir mejor su propia función,
a los niveles superiores, mediante el mejoramiento de la coordinación
de los programas y las acciones de los organizamos que componen el Sistema
y la interrelación de los diferentes problemas globales en el
contexto mundial. Sería necesario profundizar en el señalamiento
de las consecuencias a largo plazo. La forma en que las cuestiones globales
se tratan actualmente, incompleta y casi al azar, no lleva a ninguna
perspectiva de solución. El término global
tendrá que extenderse a los efectos recíprocos de acontecimientos
ambientales entre países vecinos o miembros de un agrupamiento
regional o subregional. Por ejemplo, en materia de las emisiones de
gases de invernadero, el objetivo global puede quedar obstaculizado
por la renuencia de un solo país, lo que requeriría negociaciones
especiales.
Aunque
existe ya un cuerpo de expertos de alto nivel, tiene poca visibilidad.
Convendría que se fortaleciera la idea de hacer evaluaciones
por expertos independientes y de organizar formas de seguimiento de
los casos más críticos de degradación ambiental,
presente o potencial, a fin de llamar la atención de manera oportuna
sobre los riesgos y los peligros inminentes, no importa de qué
parte del mundo estén surgiendo. Habrá de ponerse en evidencia
el conjunto de factores que estén determinando el que un país,
una subregión o una región entera aplacen o descuiden
la implementación de políticas y programas destinados
a emprender soluciones ambientales aceptables.
El
lograr mayor resultado en las cuestiones ambientales y de desarrollo
sustentable no debiera ser un objeto aislado del Sistema de las Naciones
Unidas, sino una de sus funciones centrales, tanto como mantener la
paz y la seguridad. La Carta de las Naciones resulta ya obsoleta en
materia económica y social sobre todo por que su visión
fue anterior al deterioro ambiental global y regional. Las instituciones
financieras internacionales no parecen muy confiables cuando de repente
aparecen problemas ambientales y de desarrollo sustentable sin consultar
a las organizaciones regionales. Lo ambiental no puede ya ser tratado
como algo secundario en las grandes decisiones sobre inversiones, aperturas
comerciales , globalización de mercados, transferencias tecnológicas,
etc. El tiempo disponible se va acortando- el planeta quizá pueda
seguir dando vueltas y circulando en el espacio, pero la probabilidad
de la extinción de la especie humana a causa del envenenamiento
del ambiente y la globalización de la miseria no puede descarterse.
*1)
Nuestro Futuro Común, Informe de la Comisión Mundial del
Desarrollo y del Medio Ambiente, Madrid, Alianza Editorial, 1987.
*2)
Progranme for the further implementation of Agenda 21 (Adopted by the
Special Session of the General Assembly, 23-27 June 1997.
*3)
PNUMA, Global Environment Outlook, GEO-1
*4)
Ibid.,p.3.
*5)
PNUMA, Global Environment OutLook 2000 (GEO-2000, UNEPS´s Millenium
Report on the Environment, Londres, Earthscan Publications, Ltd.
*6)
Ibid., Síntesis, p. XXIII; traducción del Inglés.
*7)
Ibid., p. XXVIII.
Fuente:
El Colegio de México [ Dr. Víctor L. Urquidi]