PERIODISMO Y TERROR
Por:
José Ignacio Fernández Carús
Más de la mitad de
esta batalla se está produciendo en el campo de los medios de comunicación,
(porque) estamos en una batalla de medios de comunicación y en
una carrera por ganarnos los corazones y las mentes (de los musulmanes)".
Quien así hablaba no era un ejecutivo de relaciones públicas,
sino Ayman Al Zawahiri, el principal lugarteniente de Osama bin Laden.
Los terroristas se han adaptado
hábilmente para reìir guerras en la actual era de los medios de comunicación,
pero Estados Unidos y los gobiernos de otras democracias no lo han hecho
en igual medida.
Téngase en cuenta que los
extremistas violentos tienen sus "comités de relaciones con los
medios de comunicación" encaminados a manipular la opinión
de las minorías selectas. Idean y preparan ataques para conseguir
titulares recurriendo a todas las clases de medios de comunicación
con vistas a intimidar y quebrar la voluntad colectiva de los pueblos
libres.
Saben que las comunicaciones
trascienden las fronteras y que una sola crónica, manejada hábilmente,
puede hacer tanto daìo a nuestra causa -y ser tan útil a la suya- como
cualquier ataque militar y tienen la capacidad para actuar con rapidez
con un número relativamente pequeìo de personas y con recursos modestos
en comparación con las enormes y onerosas burocracias de los
gobiernos democráticos.
En la actualidad estamos
riìendo la primera guerra en la era del correo electrónico, las
bitácoras digitales, los blackberries, los mensajes instantáneos, las
cámaras digitales, internet, los teléfonos móviles, las tertulias
radiofónicas y los noticieros durante las 24 horas del día.
En Túnez, el mayor periódico tiene una tirada de unos 50 mil
ejemplares en un país con 10 millones de habitantes, pero incluso
en los barrios más pobres se ven antenas de televisión por satélite
en casi todos los balcones o tejados.
Hace unos aìos, durante el
régimen de Saddam Hussein, un iraquí podía sufrir el corte
de la lengua si lo encontraban en posesión de una antena de televisión
por satélite o si se conectaba a internet sin la aprobación del
gobierno. Actualmente, esas antenas están en todas partes también en
Irak.
Lamentablemente, muchos de
los nuevos canales que se ven mediante esas antenas son hostiles a Occidente.
Con frecuencia los medios de comunicación en muchas partes del
mundo sirven para encender los ánimos y deformar y no para explicar
e informar. Mientas que Al-Qaeda y los movimientos extremistas han utilizado
esos foros durante muchos aìos, con lo que están envenenando aún más
la opinión del público musulmán sobre Occidente, nosotros, los
occidentales, apenas si hemos comenzado a competir al respecto.
Lo hemos visto en el caso
de las falsas argumentaciones de profanación de un Corán el aìo
pasado. Esa historia, publicada por primera vez en un semanario de noticias,
fue reproducida después en sitios de internet, enviada por correos electrónicos
y repetida por emisoras de televisión por satélite y de radio
durante varios días antes de que se pudiera descubrir la realidad
de lo sucedido.
Esa historia falsa incitó
a la organización de sangrientos disturbios antiamericanos en
Afganistán y Paquistán.
El ejército de Estados Unidos
se tomó, lógica y apropiadamente, el tiempo necesario
para asegurarse de que disponía de los datos exactos antes de
responder que esas acusaciones eran falsas. Entre tanto, se perdieron
vidas inocentes.
Pero hemos empezado a adaptarnos.
En Irak, por ejemplo, el Ejército de Estados Unidos, en estrecha colaboración
con el gobierno iraquí, ha recurrido a medios no tradicionales
para facilitar información exacta a la población iraquí.
Y, sin embargo, esas operaciones han sido calificadas de compra de noticias.
La explosión consiguiente de artículos de prensa críticos
hace que se ponga fin a todas ellas -todas las actividades, todas las
iniciativas-, lo que propicia un "efecto desmoralizador" entre
quienes prestan servicio en la esfera de los asuntos públicos del Ejército,
que sacan la conclusión de que no se tolera la innovación.
Pensemos por un momento en
la enorme cantidad de textos de artículos y horas de televisión
dedicados a las acusaciones de malos tratos a los detenidos en Abu Ghraib.
Compárense con el volumen
de información y condena relativas al descubrimiento de las fosas
comunes de Saddam Hussein, llenas de cadáveres de centenares de miles
de iraquíes inocentes.
Los gobiernos libres deben
hacer que la planificación de las comunicaciones sea un componente
fundamental de todos los aspectos de esta lucha. De hecho, cuanto más
se tarde en crear un marco estratégico de comunicaciones, más llenará
ese vacío el enemigo.
No obstante, hay seìales
de que se están logrando avances modestos. Poco después del devastador
terremoto en el Paquistán, se desplegó un equipo de asuntos públicos
con considerables fuerzas militares en la zona del desastre.
Trabajaron para ayudar a
centrar la atención de los medios de comunicación en el
empeìo de Estados Unidos para ayudar al pueblo paquistaní. Las
encuestas de opinión pública realizadas por grupos privados antes
y después del terremoto indican que las actitudes en el Paquistán en
relación con Estados Unidos cambiaron espectacularmente gracias
a esa nueva concienciación.
Las medidas adoptadas por
el gobierno en materia de asuntos públicos y diplomacia pública están
empezando poco a poco a redistribuir el personal, los programas y los
usos burocráticos para abarcar toda la gama actual de medios de comunicación.
Aun así, el gobierno
debe desarrollar la capacidad institucional para adelantarse y actuar
dentro del mismo ciclo de noticias, lo que requiere la creación
de centros de operaciones de prensa que funcionan durante las 24 horas
del día y la elevación de las operaciones en internet
y otros medios de información a la categoría de las relaciones
tradicionales con la prensa en el siglo XX. Habrá que depender menos
de los medios de comunicación impresos tradicionales, del mismo
modo que el público de Estados Unidos y del mundo recurre menos a los
periódicos. Por esa razón, será necesario también adoptar
las nuevas formas de atraerse al público de todo el mundo. Durante la
guerra fría, instituciones como Radio Europa Libre resultaron
ser instrumentos valiosos. Tenemos que examinar la posibilidad de crear
nuevas organizaciones y formular nuevos programas que puedan desempeìar
un papel igual de valioso en la guerra contra el terror.
Estamos riìendo una guerra
en la que está en juego la supervivencia de nuestra forma de vida y
el centro de gravedad de esta lucha no es sólo el campo de batalla.
Es una puesta a prueba de las voluntades y se ganará o perderá en el
tribunal de la opinión pública mundial. Mientras que el enemigo
tiene habilidad para manipular los medios de comunicación y utilizar
los instrumentos de comunicación para su provecho, nosotros también
tenemos una ventaja: la verdad está de nuestra parte y, en última instancia,
la verdad gana.
Secretario de Defensa de
Los Estados Unidos de Norte América: Donald Rumsfeld
Fuente: Periódico;
El Universal on Line