PROMETEDORAS
PERSPECTIVAS DE CRECIMIENTO A MEDIANO PLAZO PARA LOS PAÍSES EN
DESARROLLO,A PESAR DE LA DESACELERACIÓN DE LA ACTIVIDAD ECONÓMICA
MUNDIAL EN 2001.
Por:
José Ignacio Fernández Carús
A
pesar de la marcada desaceleración de la actividad económica
mundial que se inició a fines del año pasado, es probable
que se produzca una recuperación en los últimos meses
del año en curso, pues se espera que el crecimiento del PIB mundial
llegue a un punto de inflexión del 2,2% este año, para
trepar al 3,3% en 2002, de acuerdo con un nuevo informe del Banco Mundial
dado a conocer hoy. Según las previsiones, en 2001 las tasas
de crecimiento de los países en desarrollo serán del orden
del 4,2%, como promedio, lo que representa una disminución de
más de un punto porcentual respecto de las registradas el año
pasado, pero un incremento de 0,8 puntos porcentuales frente al crecimiento
de esos países en el decenio de 1990
En
Global Development Finance 2001 (Flujos mundiales de financiamiento
para el desarrollo) el informe que el Banco publica anualmente
sobre las perspectivas de financiamiento externo para los países
en desarrollo y en transición también se afirma
que los flujos financieros internacionales con destino a los países
en desarrollo pueden ser más valiosos para fomentar el crecimiento
económico y reducir la pobreza de lo que se pensó tras
la crisis de Asia oriental y su posterior propagación a otros
mercados emergentes. Los países que crean condiciones favorables
a las inversiones son los que más se benefician de dichos flujos
financieros. En el informe se pide que se realicen esfuerzos internacionales
y nacionales para ampliar el volumen de estas corrientes de capital
y dirigirlas nuevamente hacia los países en desarrollo con la
capacidad para utilizarlas con mayor eficacia.
La
inversión extranjera directa en los países en desarrollo,
que se había mantenido firme durante los años de crisis,
retrocedió algo en 2000, si bien las perspectivas a largo plazo
son alentadoras. Los flujos financieros (en forma de bonos, préstamos
bancarios y capital), que habían disminuido drásticamente
en 1998 y 1999, tuvieron un aumento apreciable pero todavía se
mantienen muy por debajo del nivel máximo que habían alcanzado
en 1997. En algunos países de Asia oriental la demanda de financiamiento
externo privado se redujo, producto de la caída en sus tasas
de inversión. En el resto de las regiones del mundo en desarrollo
la demanda existe, pero la incertidumbre reinante en los mercados financieros
internacionales limita la oferta. Las proyecciones parecen indicar que,
si bien los flujos financieros continuarán aumentando, su importancia
relativa en el PIB y las exportaciones de los países será
inferior a la verificada a mediados de los años noventa.
Las
crisis financieras de fines del decenio de 1990 se profundizaron por
la inestabilidad de los flujos de capital, afirma Nicholas Stern,
Primer Vicepresidente y Primer Economista del Banco Mundial. Aunque
los riesgos vinculados a la inestabilidad son considerables, en este
informe se demuestra que, a mediano plazo, los flujos de capital pueden
reforzar el crecimiento y reducir la pobreza en los países en
desarrollo que promueven un clima sólido y abierto a la inversión.
Los flujos de capital privado suelen rehuir los países donde
las condiciones económicas no son propicias y favorecen a aquellos
que mejor los utilizan para alcanzar un crecimiento positivo.
Panorama
actualizado de la economía mundial
En
el informe se señala que la desaceleración coyuntural
de la actividad económica mundial que se inició en la
segunda mitad de 2000, impulsada por el alza de las tasas de interés
y los precios del petróleo, se profundizó a fines del
año, como consecuencia, en gran medida, de la veloz pérdida
de dinamismo de la economía estadounidense. A pesar de que, a
comienzos del cuarto trimestre del año, la información
disponible permitía afirmar que había grandes posibilidades
de que la economía de los Estados Unidos tuviera un aterrizaje
suave, en noviembre la actitud de los mercados financieros se modificó
radicalmente, en un nuevo ejemplo de la creciente interacción
entre los mercados financieros y la dinámica a corto plazo de
la producción y el comercio. Los países de Asia oriental,
en particular, se vieron afectados de inmediato por la pronunciada caída
en las importaciones estadounidenses de semiconductores y otros productos
de alta tecnología.
En
el informe se sostiene que es más probable que se produzca una
pronta recuperación antes que un período prolongado de
escaso crecimiento, si bien las posibilidades de que esta última
hipótesis se verifique vienen aumentando desde hace unos meses.
Según las previsiones, las consecuencias de la desaceleración
van a variar de un país en desarrollo a otro, lo que dará
lugar tanto a riesgos como a oportunidades.
Se
prevé que las tasas de crecimiento de los países en desarrollo
alcanzarán el 4,2%, como promedio, en 2001, más de un
punto porcentual por debajo de las cifras del año pasado. Se
espera que el crecimiento más elevado se registre en Asia oriental
y el Pacífico (5,5%) y el menor, en Europa y Asia central (2,3%).
Según se estima, la recuperación va a continuar en 2002,
cuando las tasas medias de crecimiento de los países en desarrollo
llegarían al 4,9%.
Las
perspectivas de crecimiento de los países en desarrollo dependerán,
en gran medida, del comportamiento de las tres grandes economías
industriales: Estados Unidos, Europa y Japón. De acuerdo con
el informe, en ellas, las tasas de crecimiento van a perder terreno
en 2001, para recuperarse, en distinta medida, en 2002. Para las tres
economías, en el informe se pronostica una atonía
a corto plazo y una recuperación bastante rápida para
fines de 2001 y comienzos de 2002. La economía con mayor
capacidad de recuperación será probablemente la europea,
mientras que, en el Japón, cuyo ritmo de crecimiento da muestras
de anemia, han aumentado las posibilidades de que se produzca
una recesión lisa y llana.
Los
flujos de capital todavía marchan a la zaga del avance de la
producción y el comercio
Los
flujos internacionales de capital con destino a los países en
desarrollo aumentaron considerablemente en 2000, tras la fuerte reducción
de los últimos años del decenio de 1990; sin embargo,
desde las crisis no se han mantenido a la par de la producción
y el comercio. Pero ello implica, también, que la mayoría
de los países en desarrollo ha reducido su dependencia del endeudamiento
externo. En particular, han disminuido los montos de la inestable deuda
a corto plazo y el incremento de las reservas internacionales ha fortalecido
la capacidad de atender el servicio de la deuda externa.
Después
de mantenerse firme durante los años de crisis, la inversión
extranjera directa en los países en desarrollo retrocedió
levemente en 2000, como resultado de la disminución del financiamiento
internacional para los proyectos de privatización en América
Latina y para las fusiones y adquisiciones en Asia oriental. La participación
de los países en desarrollo en la inversión extranjera
directa mundial viene disminuyendo abruptamente desde 1997 y, dentro
de estos países, la concentración de los flujos se ha
incrementado en los últimos años. Como ha aumentado la
competencia por atraer inversiones internacionales, también la
existencia de condiciones propicias para la inversión está
cobrando cada vez más importancia.
Las
corrientes de mercados de capitales con destino a los países
en desarrollo crecieron en 2000, pero se mantienen muy por debajo de
los niveles sin precedentes alcanzados en 1997. Si bien la solvencia
crediticia de estos países mejoró en el transcurso del
año, los flujos siguen siendo inestables debido a las condiciones
de los mercados internacionales.
Como
la inestabilidad de los flujos de capitales trae aparejados costos elevados,
se deben tomar recaudos por razones de prudencia. Lo más aconsejable
es fortalecer los sistemas financieros nacionales, pero también
es probable que se requiera mayor liquidez internacional.
Asistencia
oficial para el desarrollo y alivio de la deuda: medidas para mejorar
su eficacia
Los
países en desarrollo también se están beneficiando
de un moderado aumento temporario de la asistencia oficial para el desarrollo,
fruto del incremento de la ayuda japonesa a los países de la
región afectados por la crisis financiera de Asia oriental. La
ayuda proporcionada por el Japón en 1999 fue del orden de los
US$15.300 millones, es decir, US$4.700 millones más que en 1998.
El otro factor de importancia que incidió en el aumento mundial
de las corrientes de ayuda, particularmente las procedentes de los Estados
Unidos, fue el esfuerzo internacional por prestar asistencia a los refugiados
de Kosovo.
Según
el informe, a pesar del ligero incremento que los llevó a los
US$41.600 millones en 2000, incluso en términos nominales, los
flujos de ayuda todavía están casi US$5.000 millones por
debajo de los niveles de 1995. En 1999, el país donante tipo
prestó una ayuda equivalente al 0,25%, aproximadamente, de su
PNB, frente al 0,35% registrado desde 1989 hasta 1992. Si al menos esta
relación del 0,35% se hubiera mantenido para no mencionar
el 0,7% del PNB que recomiendan las Naciones Unidas las corrientes
de ayuda habrían sido superiores a las reales en US$20.000 millones.
El
marcado aumento de la ayuda proporcionada por el Japón en 1999,
gracias a su programa especial de asistencia para Asia oriental, encubrió
el retroceso de la asistencia oficial para el desarrollo en relación
con el PNB suministrada por otros cuatro países del Grupo de
los Siete: Canadá, Francia, Italia y el Reino Unido. La proporción
del PNB de Alemania y los Estados Unidos destinada a ayuda no varió
respecto de 1998. Las corrientes de ayuda siguen siendo limitadas, en
parte por la preocupación de algunos de los principales países
donantes ante la respectiva situación fiscal. Los Estados Unidos,
en cambio, tienen un elevado superávit fiscal, pero algunos opinan
que el escepticismo imperante, en particular frente a las vías
oficiales de distribución de la ayuda, limita la capacidad del
país para reconstruir su tradicional programa de asistencia.
A
fin de que estas mejoras sean duraderas se requiere un compromiso constante
de los principales donantes del mundo, en especial toda vez que, para
alcanzar los objetivos internacionales de desarrollo, será necesario
un aumento notable en las corrientes de ayuda... y en la eficacia de
su utilización.
La
eficacia de la distribución de la ayuda entre los países
también aumentó en el decenio de 1990, en parte porque
las políticas de los países receptores mejoraron, lo que
acrecentó su capacidad para aprovechar la asistencia, y en parte
porque los países con políticas deficientes recibieron
menos ayuda. Pero hay grandes posibilidades de reducir la pobreza desplazando
las corrientes de ayuda de los países de ingreso mediano a los
de ingreso bajo y aumentando los flujos dirigidos a los países
con buen desempeño que hasta el momento han recibido poca o ninguna
asistencia.
La
tendencia reciente hacia la especialización de los donantes también
puede mejorar la eficacia de la ayuda. Del mismo modo, puede contribuir
a este fin el compromiso de proporcionar asistencia, mediante un apoyo
presupuestario previsible a mediano plazo, a algunos programas de desarrollo
escogidos por cada país, de acuerdo con marcos normativos convenidos
y dependiendo de los resultados. El desplazamiento del centro de interés
hacia los programas refleja tanto la importancia de que el país
se identifique con las políticas como las dificultades que desde
hace largo tiempo se presentan para coordinar un gran número
de proyectos, cada uno con diferentes requisitos en materia de presentación
de informes, según el donante de que se trate.
La
disminución de la asistencia para el desarrollo que comenzó
a principios de los años noventa parece haber llegado a su fin,
y el ritmo del alivio de la deuda se ha acelerado, buenas noticias,
sin lugar a dudas, para los países en desarrollo que procuran
aumentar su crecimiento económico y reducir la incidencia de
la pobreza, dice Ashoka Mody, especialista principal del Grupo
sobre política económica y perspectivas de desarrollo
del Banco Mundial y principal autor del informe. En vista de la
urgencia que reviste alcanzar los objetivos internacionales de desarrollo
para millones de los ciudadanos más pobres del mundo, tanto donantes
como receptores deben reforzar los compromisos respectivos de generar
más ayuda y utilizarla con mayor eficacia..
El
alivio de la deuda en el marco de la Iniciativa para los países
pobres muy endeudados está comenzando a tener importantes consecuencias
para algunos de los países más pobres del mundo. En
el año 2000, más países recibieron la promesa de
que se aliviaría su deuda y obtuvieron los recursos reales
para ello que en cualquiera de los años anteriores desde
el inicio del programa, en 1996, según consta en el informe.
W.B.0021
Press
Release: No 2001/289/s
Fuente:
BANCO MUNDIAL., Informe embargado para periodistas autorizados dado
a conocer en las Ciudades de Washington, México, Nueva Deli,
Unión Europea.
México.,
al 10 de Abril 2001