Debate
en Marcha
La
Reforma del Sistema Financiero Internacional
Por
José Ignacio Fernández Carús
Primera
de dos partes
La
crisis del sistema internacional, como lo conocemos ahora, se inició
en 1971, cuando los Estados Unidos abandonaron la paridad del dólar
con el oro -ancla del sistema de Bretton Woods- y dieron lugar al actual
conjunto de tipos de cambio flotantes que ha privado desde 1971 entre
la mayoría de los países. El pacto original que dio vida
al "Fondo Monetario Internacional" en 1944 preveía, en lo esencial,
fijación de las paridades de todos los países miembros
en tantos gramos de oro por unidad de moneda nacional, pero consideraba
numerosas salvedades, entre ellas la admisión de devaluaciones
acordadas con el propio FMI y el mantenimiento, con base en el artículo
14 del convenio, por los países que así lo decidieran,
de restricciones a las transacciones corrientes también establecidas
y vigiladas por el FMI, y restricciones a los movimientos de capital,
en términos del artículo 8 en los países que declararan
entrar en el Fondo sin restricciones cambiarias a las transacciones
corrientes.
Se
comprenden estas varias disposiciones en virtud de la situación
en que se encontraba el Reino Unido al concluir la Segunda Guerra Mundial,
antes de obtener los préstamos de posguerra que habrían
de hacerle Los Estados Unidos, y teniendo en cuenta además la
incapacidad del Reino Unido para solventar sus adeudos acumulados en
Libras Esterlinas, no convertibles en moneda internacional, a favor
de países de la Comunidad Británica de Naciones, Argentina
y otros del área Esterlina. Fueron Muchos los países que
aceptaron el convenio del FMI con restricciones cambiarias autorizadas
y que tardaron varios años en llegar a un régimen de transacciones
libres, ya fuera con tipo de cambio fijo o tipos provisionalmente diferenciados
y aun flotantes, antes de acordarse la nueva paridad. El FMI pugnó
por la eliminación de los controles de cambio y por la estabilidad
cambiaria, pero nunca se opuso a las devaluaciones justificadas por
desequilibrios fundamentales, a cambio del cumplimiento de ciertos condiciones
que aseguran mantener los equilibrios macroeconómicos esenciales.
No
todos los países industrializados respetaron estas reglas del
juego, y por otro lado el FMI careció con frecuencia de autoridad
y de recursos para intervenir. La llamada escasez de dólares
de la posguerra se fue disipando con el tiempo; por añadidura,
la penuria del oro se fue transformando en abundancia del mismo. "La
creación de los derechos especiales de giro y las implicaciones
de los límites de endeudamiento con el FMI, y los convenios de
apoyo contingente, contribuyeron adicionalmente a facilitar mayor grado
de liquidez para algunos países".
Todo
lo anterior se echó por la borda en 1971, a la vez que los Estados
Unidos de Norte América empezaron a poner en circulación
los "eurodolares" para hacer frente a su creciente déficit
de balanza de pagos. Dos años después, los eurodólares
fueron opacados por la abundancia de petrodólares en manos de
la banca comercial en los países en industrializados, resultantes
del alza de las cotizaciones del petróleo crudo a favor de los
países exportadores del mismo, con el consecuente debilitamiento
de los organismos de Bretton Woods como fuentes de recursos. Este sacudimiento,
financiero se repitió en 1979 con el segundo incremento del petróleo,
mientras se generaba la gran expansión del siglo de las deudas
externas de los países en vía de desarrollo, tanto los
petroleros como los no petroleros. El total de la deuda externa se elevó
de 66 mil millones de dólares en 1970 a 593 mil millones en 1982
( o se casi nueve veces ) y a 764 mil millones en 1985 ( o sea un total
de casi 12 veces en 15 años ). La suma de los pasivos externos
a fines de 1986, incluidos créditos a corto plazo y del FMI,
fue calculada por el Banco Mundial en un billón de dólares.
A
partir de mediados de 1982, surgió una moratoria virtual, no
declarada, la cual llevó a una serie de negociaciones y tropiezos
que, sin añadir sino mínimos fondos nuevos del exterior,
permitió poner en vigor los planes Baker y Brady lanzados por
la Tesorería de los Estados Unidos de Norte America-este último,
en 1988, más concreto y adaptado a las posibilidades del Sistema
Financiero Internacional. Puede decirse que con estas medidas se cerró
un ciclo de endeudamiento y se dio inicio a otro, el de los años
noventa, que comprendió nuevas modalidades, en particular la
desregulación y la vía libre a los movimientos financieros
internacionales.
Es
de utilidad el recordar los anteriores antecedentes para encuadrar el
más reciente ciclo de crisis del sistema financiero internacional.
Podrían citarse otros más lejanos, de los años
veinte y treinta, cuando autores Europeos y Norteamericanos advertían
sobre los peligros de los endeudamientos externos imprudentes y de los
movimientos especulativos de capitales a corto plazo; pero la estructura
económica y financiera ha cambiado tanto, basta recordar las
crisis de los años ochenta y, por cierto, poner en relieve las
características actuales de fin de siglo.
Esto
último es lo que hace el autor del valioso libro que ahora se
comenta, José Antonio Ocampo, secretario ejecutivo de la Comisión
Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), centrado
en las reflexiones, discusiones y propuestas más recientes de
un grupo de trabajo integrado en Las Naciones Unidas.
La
nueva situación, aguijoneada por la debacle de México
en 1994-1995, y las posteriores de Japón y varios países
de Asia, de Rusia y de Brasil (se prefiere no apodarlas con nombres
de bebidas alcohólicas, por que éstas son, en términos
de la Organización Mundial de Comercio, OMC, marcas de
origen), tienen características en las que intervienen
los éxitos de la comunicación cibernética y la
creación de nuevos instrumentos de mayor riesgo financiero, junto
con la desregulación y la falta de certeza en la información.
El Dr. Ocampo, Ante esta realidad, subraya la inédita inestabilidad
financiera de los últimos años. Sin embargo, muchos de
los factores que cita han estado presentes siempre, aunque tal vez en
menor grado. El Dr. se refiere a algunas de estas afirmaciones. Por
ejemplo distinguir adecuadamente entre distintos tipos de prestatarios
pero como diría Sherlock Holmes, esto es elemental, sobre todo
cuando se especula y se ha usado bien, por algo será. Por otro
lado, ninguna bolsa de valores local es igual a otra, y muchas fueron
infladas en los países emergentes más allá de su
estructura de base; por añadidura, los emisores de títulos-públicos
o privados-siempre han sido de diversa calidad, que por cierto es juzgada
cotidianamente en los medios de los inversionistas financieros con varias
letras del alfabeto.
Los
sistemas bancarios en los países prestatarios tampoco son de
calidad y eficiencia uniformes, ni siquiera en Europa Occidental. Esto
no es nada nuevo. Lo novedoso ha sido la miopía y aun la ceguera
y la falta de perspicacia de los organismos financieros internacionales,
así como la tendencia de muchos corredores de bolsa a asumir
riesgos no justificables en busca de ganancias inmediatas y por exceso
de codicia. En numerosos casos habría bastado una buena
dosis de prudencia y de sentido común para no cometer esos excesos.
Contra las imprudencias, tanto nacionales como internacionales, poco
podrían haber hecho organismos creados en otros tiempos y para
otros fines. Los descalabros de 1995 en adelante son responsabilidad
tanto de los deudores como de los acreedores, y también de los
organismos financieros internacionales, com lo han sido en toda la historia
mundial de la banca y del financiamiento.
Ahora
bien, lo que se busca, según las reflexiones del citado grupo
de trabajo y del autor, es poner coto a estos desmanes. Si se trata
de problemas de falta de información, son remediables. Si se
trata de hacer valer la autoproteccióno el autoaseguramientode
los deudores, tal vez haya algunos remedios. "La auto protección
la caracteriza el Dr. Ocampo en términos de adopción por
un país emergente de medidas de regulación prudencial,
el deslizamiento a movimientos excesivos de capital a corto plazo
con frecuencia especulativos, el mantenimiento de elevadas reservas
internacionales, de hecho una gama de políticas nacionales
recomendadas a los países en desarrollo en un mundo por la volatilidad
del capital.
Nota:
En México estamos muy pendientes de la calificación de
Pais confiable a la Inversión por medio de la prestigiada
firma calificadora Standar & Poor´s la cual no
es difícil de lograr, debido a que contamos con una Real Democracia
fundamental para el otorgamiento de beneficios de este tipo, reservas
internacionales récord históricas, una política
restrictiva para el suave aterrizaje de la economía mexicana,
por la des aceleración temporal de la economía de Los
Estados Unidos de Norte América la cual será corta por
los recortes de cargas impositivas a su población que incrementarán
la confianza al consumo., y por el lanzamiento en nuestro país
de una miscelánea fiscal mas recaudadora la cual dará
como resultado un superávit fiscal.
Fuente:
Dr. VÍctor L. Urquidi
El
Colegio de México